Malestar en el PSOE con Iglesias por sus salidas de tono contra la oposición

«Unos y otros, Vox y Podemos, siguen con su guion. Se retroalimentan y se necesitan». Son las palabras de un presidente autonómico del PSOE, que resume el malestar latente en el PSOE con Pablo Iglesias en las últimas horas, disparado por su enganche con Vox en el Congreso. Aunque algunos dirigentes sí comparten el «guerracivilismo de la derecha», en el partido socio mayoritario de la coalición gubernamental no gustaron ni gustan las salidas de tono del vicepresidente segundo en sede parlamentaria, por mucho que este viernes se replegara y reconociera que fueron un error. Esos comportamientos, a la ofensiva, son «innecesarios», se apunta en las filas socialistas, y sirven para dar argumentos a la oposición.

Y más aún, constatan con pesar algunos dirigentes en el PSOE y en el Ejecutivo, cuando el Gabinete de Pedro Sánchez lleva encadenando crisis y tropezones en las últimas dos semanas. Por el pacto con Bildu, por el incendio en el Ministerio del Interior. Y ahora, por la trifulca de Iglesias con la formación de ultraderecha. Choque ratificado además este viernes por la titular de Igualdad, Irene Montero, al asegurar que a la derecha «hay que decirle cuatro cosas a la cara».

«A la derecha hay que señalarla, pero no nos podemos igualar con ella, no podemos estar a su nivel. ¡Somos Gobierno!», oponen fuentes de Ferraz, sin esconder el cierto cabreo con la actitud del socio minoritario de la coalición. Más si cabe porque la gresca en el Parlamento amenazaba con comerse parte de la puesta de largo de una de las medidas más cuidadas por el Ejecutivo y convertida en uno de los estandartes de la coalición: el ingreso mínimo vital (IMV), la renta de entre 461 y 1.015 euros que llegará a 850.000 hogares y que supone la materialización de un compromiso de investidura, acelerado por la emergencia sanitaria. El «ayer dije la verdad, pero me equivoqué» que entonó Iglesias este viernes sirvió al menos para mitigar el ruido y centrar la atención en la explicación de la medida. El líder moderado recogía cable, aunque no se arrepentía de lo dicho. Las aguas retornaban a su cauce porque lo que no está en riesgo es la continuidad del bipartito.

Choque de Iglesias con Vox: «A ustedes les gustaría dar un golpe de Estado»
Rebobinemos. La tensión política ha ido creciendo más y más desde el miércoles. La llama prendía cuando la portavoz del PP, Cayetana Álvarez de Toledo, definía a Iglesias como «hijo de terrorista» —por la militancia de su padre en la organización de lucha antifranquista FRAP—, por pertenecer a la «aristocracia del crimen político». En aquel momento, el vicepresidente se contuvo y solo adelantó que animaría a su padre a llevar a la dirigente conservadora a los tribunales. Pero el jueves quien avivaba las brasas era el líder de Podemos, en un crispado cara a cara con Iván Espinosa de los Monteros, portavoz parlamentario de Vox.

El «ayer dije la verdad, pero me equivoqué» que entonó Iglesias este viernes sirvió al menos para mitigar el ruido y centrar el foco en la renta mínima

La escena sucedía en la Comisión para la Reconstrucción del Congreso, el órgano impulsado por el Ejecutivo para teóricamente armar un gran acuerdo nacional que permita salir con fortaleza de la pandemia del covid-19 y hacer frente a la emergencia económica y social. Iglesias defendió que estaría dispuesto a hablar con el ‘expresident’ fugado Carles Puigdemont, igual que con Santiago Abascal, al que han votado «millones de españoles». «Y aunque me parezca que quieren dar un golpe de Estado antes que defender la democracia, estoy dispuesto a dialogar con él», aseguró. Espinosa de los Monteros protestó y pidió al presidente de la comisión, el socialista Patxi López, que tomara «cartas en el asunto». El ‘exlehendakari’ intentó rebajar el conflicto. No es lo mismo decir que «parece que» que acusar de dar un golpe de Estado, esgrimió. Pero el vicepresidente no solo no se retractó, sino que se ratificó con una aseveración que se convirtió en una auténtica bomba.

«Con altura»

«Les gustaría dar un golpe de Estado, pero no se atreven, porque para eso, además de quererlo, hay que atreverse», le espetó a Vox. Espinosa de los Monteros se levantó y tras protestar airadamente y acusarle de haber «reventado» la comisión, se marchó. «Cierre al salir», remató Iglesias. Más carbón a la caldera.

«Es impresentable. Un disparate todo. Insoportable», dice un ministro. Y otro más: «Nosotros [los del PSOE] nunca hubiéramos hecho eso mismo, nunca»

En ese momento, algunos cargos del Ejecutivo y dirigentes del PSOE consultados por este periódico no salían de su asombro. «Es impresentable. Un disparate todo. Insoportable», sentenciaba un ministro, sin paños calientes. Otro miembro del Gabinete próximo a Sánchez se escudaba en la «prudencia» para no cargar con dureza contra el socio del Gobierno, pero apenas podía ocultar su irritación. «Nosotros nunca hubiéramos hecho eso mismo, nunca. Yo a los de Vox les gano la partida siempre, pero con altura», confesaba este último ministro. «Se equivoca haciendo esto, pero cumple su papel. Él sigue mentalmente en una tertulia», terciaba un miembro del Gabinete del presidente.

«No ha gustado nada de nada en el partido —manifestaba un mando de Ferraz—. Se considera una irresponsabilidad de Pablo. Yo no le veo ventajas (quizá para ellos solamente, para su electorado más cafetero que ve con desilusión que gestionar es muy difícil) en seguir polarizando esto… La gente de la calle empieza a estar hasta el gorro de tanto ruido». «Lo que no nos gusta es la actitud guerracivilista de la derecha. Nada que decir de Pablo. A algunos de nuestros ministros no les he visto jamás contestar al PP», señalaba sin embargo una dirigente del círculo de confianza del líder socialista.

Las críticas en el PSOE, de hecho, se centran sobre todo en las formas empleadas por el vicepresidente segundo —sin que, obviamente, haya ningún tipo de simpatía ni de comprensión hacia la ultraderecha—, por el peligro de polarización, por el impacto que tenga la polémica en el conjunto del Ejecutivo. El fondo, ‘grosso modo’, sin los excesos verbales de Iglesias, se comparte: en el Gobierno y en Ferraz sí hay quienes culpan a la derecha de la tensar el clima para desacreditar a Sánchez. Pero el PSOE, convergen todos, tiene una personalidad diferente y la institucionalidad más interiorizada.

Ese sustrato es el que impregna esta opinión de una voz cualificada del PSOE: «Era completamente innecesario. Aunque lo que dijo es lo que piensa mucha gente. Vox no iba a durar mucho en la Comisión para la Reconstrucción. Y casi mejor que no estén. Pero prefiero que sean ellos los que descalifiquen. Supongo que lo de Cayetana merecía la respuesta que tuvo, pero hay que intentar que en el Parlamento discutamos de las medidas importantes… Ya ves las cosas que nos dicen a nosotros… cal viva incluida». Aquello, la «cal viva», la acusación del pasado que lanzó Iglesias a Sánchez en el debate de investidura fallida de marzo de 2016, ha quedado grabado en el PSOE como una huella dolorosa.

«¡Ya está bien!»

Quien reflejó sin ambages el estado de ánimo fue el propio Patxi López. «Me gustaría pedir disculpas porque esta mañana no estuve a la altura de lo que es y lo que significa esta comisión». El dirigente socialista, miembro de la cúpula federal de Sánchez, abrió así la sesión de tarde del foro que él preside. «Ha habido algunas expresiones y algunos comportamientos innecesarios —siguió, ante el silencio de sus señorías—, y no es lo que espera la ciudadanía de nosotros y de esta comisión, que tiene la obligación de dar respuestas y soluciones a las necesidades y urgencias que se viven en estos momentos nada fáciles por millones de personas de nuestro país […]. No estamos aquí para insultarnos ni para atacarnos, sino para demostrar que la política sirve para mejorar la vida de la gente». «Les ruego a todos que nos pongamos a trabajar», imploró López. Espinosa de los Monteros había vuelto a la comisión y agradeció las palabras del ‘exlehendakari’.

Las disculpas de López y su amonestación a sus señorías sí fue aplaudida en el PSOE: «¿Para qué venimos aquí? ¿Para reproducir los insultos?»

La paz duró poco. La diputada de Vox Inés Cañizares se refirió a los morados como los «pirómanos comunistas». «Un grave insulto», saltó Enrique Santiago, diputado y líder del PCE, que intentó intervenir desde la Mesa de Comisión de Reconstrucción de la que forma parte. López se hartó y bramó contra sus señorías: «Les pido una reflexión sobre si tenemos que decir lo que nos da la gana sobre todo en todas partes. A lo mejor tenemos aquí que decir lo que nos da la gana sobre lo que venimos a hacer en esta comisión, no sobre cualquier cosa. ¿Para qué venimos aquí? ¿Para reproducir los insultos que decimos en otro escenario? ¿Es que no estamos entendiendo nada de lo que demanda la ciudadanía? ¡Por favor! ¡Aquí hay que venir con voluntad política para proponer, para acordar! […] ¡Ya está bien!». El Parlamento había vivido su segundo momento de tensión en el día. Las palabras del ‘exlehendakari’, las de disculpa y la reprimenda a los diputados, fueron aplaudidas por sus compañeros de partido.

Patxi López se harta tras una nueva bronca entre Vox y Unidas Podemos
El viernes, a primera hora, en ‘Los desayunos de TVE’, la titular de Igualdad, Irene Montero, defendía las palabras del vicepresidente segundo. Y fue incluso hasta algo más allá: acusó a PP y Vox de llevar «semanas llamando a la insubordinación del Ejército», al que ambas formaciones habrían instado a «actuar» contra el que consideran «un Gobierno criminal e ilegítimo», informa Europa Press. La ministra se apoyaba en declaraciones de una de las diputadas de Vox, Rocío de Meer, que decía al Ejército que «la nación no es lo mismo que el Estado», y que los militares juran «por lo primero». «Por lo tanto, alentando a la rebelión y la sublevación».

La ministra Irene Montero echa más fuego a la caldera al acusar a PP y Vox de «llevar semanas llamando a la insubordinación del Ejército»

También se remitía a las palabras del número dos del PP, Teodoro García Egea, el miércoles en el pleno, cuando afirmó que hace más de cien años, el fundador de la Guardia Civil, el duque de Ahumada, «se negó a cumplir una orden injusta del general Narváez». «Parte de su problema [de PP y Vox] tiene que ver con que estén en la oposición —razonó Montero—. No creo que debamos callarnos cuando están en esta campaña de crispación». Montero validaba que el desahogo del vicepresidente no había sido casual.

«Crispación» y «ruido»

«Irene no ha estado fina —señalaba un diputado y miembro de la cúpula socialista—. No creo que interese al Gobierno el juego este». «No podemos ponernos al nivel de la derecha, sí señalarla. Y máxime cuando eres Gobierno. Ellos se pueden permitir la barbaridad más grande, pero tú no. Ninguno de los nuestros está en esto. Pero él se cree todavía activista», abundan con cierta irritación desde lo alto del PSOE. En el partido se dolían de la polémica porque la dirección, al igual que el Ejecutivo, estaba centrada en focalizar el mensaje en la puesta en marcha del ingreso mínimo.

Iglesias «no se retractó, pero se retrató», dice un dirigente. «Tendrá que entender que gobernar es tener límites y que el populismo barato se acabó»

Iglesias compareció precisamente tras el Consejo de Ministros extraordinario de este viernes para dar cuenta de la medida, acompañado por el titular de Inclusión, José Luis Escrivá, y la portavoz, María Jesús Montero. El vicepresidente fue preguntado por la trifulca de la víspera. «Ayer dije la verdad pero me equivoqué, porque al caer en una provocación, quité el foco en los temas importantes, que eran los de la reconstrucción. Hoy no me voy a volver a equivocar. El tema fundamental es el IMV, que es un nuevo derecho. Nuestro país contribuye a construir el cuarto pilar del Estado del bienestar y es una victoria de la sociedad civil, que lleva muchos años reclamándolo».

Iglesias dice que se equivocó cuando acusó a Vox de querer un golpe de Estado

La portavoz, en otro momento, también culpó a la derecha de la estrategia de la «crispación» y el «ruido» frente a un Gobierno que llama a la «responsabilidad» y que tiene en el centro, alegó, la salud y los desvelos de los ciudadanos. A la derecha le cuesta «mucho digerir» la victoria en las urnas de las izquierdas y que pilote en España un Ejecutivo con «prioridades sociales», culminó Montero.

El jefe de Unidas Podemos plegaba velas, aunque se mantenía en sus palabras. Había errado en el momento, en el lugar, vino a decir. El jueves, tras su comparecencia en el Congreso, estuvo preparando con el equipo de Escrivá los últimos detalles de la rueda de prensa del IMV —no almorzó con Sánchez, como suele ser costumbre en ambos—, y analizó con su equipo más cercano lo que había ocurrido en la comisión. Se concluyó que había sido un error comunicativo, sobre todo porque había diluido el contenido de su exposición, en la que había planteado una ambiciosa reforma fiscal, y que debía enmendarse. Eso fue lo que operó más en él, según indican fuentes de la formación morada, más allá del malestar en el PSOE. La estrategia se reorientó: en la conferencia del viernes, debía zanjar el asunto.

Dos partidos distintos

«No podía desdecirse de lo dicho porque Pablo lo piensa y él es así. Lo que no se puede forzar la situación es de tal manera que resulte impostado, que mienta», indican desde Unidas Podemos, donde recuerdan que las palabras de su líder en el Congreso, a diferencia de lo que ocurrió entre los socialistas, sí fueron muy celebradas.

Lo que todos tienen claro es que el bipartito está pensado para durar, pese a las fricciones que vayan surgiendo. El pegamento es la actitud de la derecha

La reacción en el socio mayoritario de la coalición tampoco había cambiado mucho tras el «me equivoqué» de Iglesias. En el PSOE sonó a una reconducción a medias. «No se ha montado una escandalera, pero en general no ha gustado, ha parecido un exceso», recogía un cargo de Ferraz. Para un ministro, incluso, lo del viernes «es aún peor»: «Casi recochineo. Pablo está pasando todos los límites. Nos va a llevar a la perdición». En opinión de un integrante de la cúpula, Iglesias «no se retractó, pero se retrató». «Es evidente que busca la confrontación con la derecha para recuperar un perfil y una presencia que ha perdido a chorros. Tendrá que entender que gobernar es tener límites y limitaciones y que lo de las chulerías y el populismo barato se acabó», apuntaba esta fuente, para quien en el partido se respira más «malestar que hartazgo».

El IMV permitirá una renta garantizada media en España de 10.070 euros
Otros juicios, desde luego, no son tan severos. Los más, insisten en que esto en estas situaciones se ve que PSOE y UP son dos formaciones distintas. Una, más apegada a la institucionalidad. La otra, nacida del activismo y con un pie en la calle. Hay quienes se remontaban a los ochenta, al reparto de papeles de Felipe González y Alfonso Guerra, de ‘poli bueno’ y de ‘poli malo’ látigo de la oposición. Pero el momento es otro y un mitin no es el Congreso, rebaten otras fuentes. Desde la formación morada reconocían incomodidad del PSOE. «Pero que tengan en cuenta que en los últimos líos hemos sido muy leales y no hemos dicho nada». De hecho, los ministros de UP se han convertido en los principales valedores del responsable de Interior, Fernando Grande-Marlaska, pese a las discrepancias ideológicas que ya provocaron, de hecho, roces entre los socios.

En la Moncloa, mientras, se escuchaba el silencio. Nada que apostillar. Pero lo que todos tienen claro, en el Ejecutivo y en los dos partidos que lo sustentan, es que el bipartito ha de durar y que los dos socios, con sus fricciones y sus problemas de convivencia y de estilo, han de saber cohabitar con las estridencias justas. Su gran pegamento es una derecha a la que acusan, ambos, de no haber asumido que quien ejerce el poder es la izquierda.

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