Boris Johnson rechaza tomar medidas para frenar los contagios por Covid-19

Un grupo de más de doscientos científicos califica como una locura la idea de desarrollar “inmunidad de grupo” permitiendo que cuarenta millones de británicos –en teoría los más saludables– queden contaminados del Covid-19, y de esa manera el país quede vacunado para futuras oleadas de la enfermedad en el invierno y años sucesivos.

Los acontecimientos van varios pasos por delante de un Gobierno británico desconcertado, que cada día rectifica de una manera u otra su estrategia contra el coronavirus. Bajo fuertes críticas de la comunidad científica por la flema y parsimonia con que ha respondido a la crisis, ayer anunció que “dentro de poco” a las personas mayores y vulnerables se les ordenará aislarse en casa tal vez hasta cuatro meses, mientras se empieza a especular con el cierre de pubs y la ampliación de las vacaciones escolares de Semana Santa. Pero mientras otros países ya han dado esos pasos, aquí sólo se empieza a hablar de ellos.

Más que tomar medidas concretas, el Gobierno de Boris Johnson ha apelado a ese espíritu glorioso de resistencia numantina y mantener la calma que tanto inspira a una parte muy importante de la población (mayoritariamente la que votó a favor del Brexit por un sentido de nostalgia imperial). Mientras más de seis mil personas participaban el domingo en la media maratón de Bath, el ministro de Sanidad, Matt Hancock, pedía a los dirigentes de la industria británica que modificasen sus cadenas de producción para fabricar respiradores de hospital. El llamamiento fue reminiscente de los pósters con el mensaje Your country needs you (vuestro país os necesita) con los que Lord Kitchener forró el país en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial.

Un grupo de más de doscientos científicos califica como una locura la idea de desarrollar “inmunidad de grupo”

Un grupo de 245 científicos y matemáticos ha denunciado los planes del gobierno para conseguir “inmunidad de grupo” permitiendo que cuarenta millones de británicos –en teoría los más saludables– queden contaminados del Covid-19, y de esa manera el país quede vacunado para futuras oleadas de la enfermedad en el invierno y años sucesivos. También la naturalidad con que habla de cientos de miles de muertos, fosas comunes y una morgue gigante en el Hyde Park, como si fuera algo aceptable. Un prestigioso epidemiólogo de Harvard reconoce haberse llevado las manos a la cabeza al leer la estrategia empleada por Londres, después de creer inicialmente que se trataba de una broma de mal gusto. Una clara mayoría de ciudadanos (48% a 37%) considera que sus líderes deberían estar haciendo más para combatir la epidemia, y un número creciente se consideran conejillos de indias en un experimento que podría salir mal.

El ministro Hancock y el principal asesor médico del Gobierno, Chris Whitty, se han defendido de las críticas alegando que la inmunidad de grupo “no es un objetivo sino una consecuencia de la epidemia”, y que “el propósito es salvar cuantas más vidas mejor”, al tiempo que han prometido hacer públicos los cálculos matemáticos que les han llevado a postergar las medidas radicales de aislamiento adoptadas por otros países para intentar que el pico de la enfermedad se produzca en junio, cuando ya han acabado los colegios y los hospitales no estarán tan llenos de enfermos de gripe y otras patologías invernales, y que mientras tanto la economía funcione de la manera más normal posible.

“Los acontecimientos, amigos, los acontecimientos”, decía el primer ministro Harold Macmillan cuando le preguntaban qué era lo que más temía. Y son los acontecimientos los que están obligando a Boris Johnson a cambiar de paso, aunque sigue dando largas a las decisiones inevitables. Aunque la vida en las ciudades inglesas aparenta mucha más normalidad que en Roma, Madrid, Barcelona o Milán, y cafés y pubs siguen llenos, ayer las colas en los supermercados eran imponentes y se han agotado numerosos bienes de primera necesidad, mientras la gente se prepara para el encierro que se avecina.

El venga usted mañana que se achaca a los españoles es la política de la administración Johnson en respuesta a la mayor crisis desde la Segunda Guerra Mundial. Dice que la policía sólo investigará asesinatos, pero mañana. Que el ejército podrá mantener el orden en las calles, pero mañana. Que las personas mayores habrán de quedarse en casa, pero mañana. Que los actos masivos van a prohibirse, pero mañana. Que los médicos recién jubilados van a ser reincorporados al servicio, pero mañana. Que va a comprar más respiradores pero mañana. Es como si pidiera al Covid-19 que no venga a la ventanilla hoy, mejor mañana.