Donald Trump castiga a Turquía tras concederle la operación en Siria

En una carretera remota del norte de Siria ha ocurrido hoy lo inimaginable hasta hace bien poco: un convoy de vehículos ondeando la bandera nacional siria se cruzó fugazmente con una patrulla estadounidense en retirada. Aquella escenificación improvisada del relevo de tropas en la orilla oeste del Éufrates, previa a que el ejército sirio y la policía militar rusa recuperasen la localidad de Manbij representó, además, un cambio de paradigma regional; en el ocaso de la influencia de EEUU en Oriente Próximo, Rusia se crece.

Pero la mayor preocupación del inquilino de la Casa Blanca es castigar al impulsor de la operación militar que él mismo habilitó. Anoche volvió a subir a un 50% los aranceles al acero, congeló las negociaciones para un acuerdo comercial bilateral -por 100 mil millones de dólares- y sancionó a los titulares de Defensa, Interior y Energía. La primera medida ya la había aplicado antes, para forzar la excarcelación de un pastor evangélico. Esta vez, sin embargo, los mercados no se resintieron en exceso.

«Debido a las acciones irresponsables de Turquía, el riesgo para las fuerzas de EEUU en el noreste de Siria ha alcanzado un nivel inaceptable», ha denunciado hoy por la tarde un furibundo secretario de Defensa de Trump, Mark T. Esper, al anunciar el repliegue. «La acción unilateral de Turquía fue innecesaria e impulsiva. El presidente Erdogan carga con toda la responsabilidad de sus consecuencias, que incluyen el potencial resurgimiento del IS, posibles crímenes de guerra y una creciente crisis humanitaria».

A la reacción airada de Occidente se ha sumado España. De forma similar a otros países europeos, el Ejecutivo de Pedro Sánchez ha pedido detener la operación ‘Manantial de paz’ y ha anunciado que «denegará nuevas licencias de exportación de material militar susceptible de ser utilizado en la operación en Siria». Según uno de los últimos registros, de 2017, el 81% del volumen de exportación de armas correspondió a la venta de dos aviones de transporte A400M. En el año siguiente se compró un tercero.

Madrid culpó a Turquía de poner en peligro «la unidad, la soberanía y la integridad territorial del Estado sirio». Esto ocho años después del inicio de una guerra sangrienta, en un país convertido en un tablero global y donde los últimos y notables avances de las fuerzas sirias, tras un acuerdo de emergencia con la autoridad informal kurdosiria, se realizan con el apoyo imprescindible de Rusia. Las sanciones no parecen haber disuadido a Ankara, que este martes ha anunciado su intención de seguir adelante con su operación.

«Hay un Estado combatiendo a una organización terrorista, combatiendo al terrorismo, ¿y esperan que nos sentemos a hablar con terroristas?», ha ironizado el vicepresidente turco, Fuat Oktay, en una entrevista televisiva. Entretanto, su ejército intensificó la artillería en el noroeste sirio, mientras sus milicias árabes aliadas trataban de avanzar sobre las poblaciones fronterizas de Tel Abyad y Ras al Ayn. La ofensiva ya ha costado 185 vidas civiles, 20 en suelo turco por fuego del lado kurdosirio, y 170.000 desplazados.

Según el analista sirio Omar Abu Layla, la presión externa sí puede estar rebajando las pretensiones turcas. «El acuerdo entre las FDS [kurdos] y el régimen de Asad fue una gran sorpresa para Turquía. No pudieron avanzar hacia Manbij, como planificaron, porque América les dijo que no podían ir ni allí ni a Kobane», subraya. Incluso Moscú, el nuevo crupier de Siria, también amaga con imponer límites a los turcos. «Siempre hemos instado a Turquía a contenerse», dice el enviado del Kremlin para Siria, Alexander Lavrentiev, «y consideramos algunos tipos de operación militar en territorio sirio inaceptables».

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